La labor docente implica muchas responsabilidades diarias, como dar clases, mantener un buen ambiente en el aula, hacer informes y atender la vida familiar, lo que obliga a los docentes a estar siempre atentos y responder rápidamente a distintas situaciones. El ritmo acelerado del día a día puede hacer que los docentes pierdan poco a poco la motivación y el sentido de su vocación, que va más allá del salario y se basa en el deseo de formar a las futuras generaciones. Reconectar con las razones que dan sentido a la labor docente es fundamental para que, en el trabajo diario con los estudiantes, se fortalezca el deseo de aprender, la convivencia y las relaciones basadas en el respeto y la dignidad de todas las personas.
Por eso, en este blog queremos reconocer la importancia del rol docente en el bienestar de los estudiantes que forman parte de las instituciones educativas de nuestro país. Sabemos que lograr una convivencia armoniosa en el aula es un gran reto, y que el personal docente, a través de su liderazgo y mediación, hace que esto sea posible. Buscamos reflexionar juntos sobre cómo la escuela influye en el bienestar de los estudiantes, en sus proyectos de vida y en la construcción de un buen vivir basado en principios democráticos y en el respeto a los derechos humanos. Este primer recorrido por la escuela como espacio que cuida el bienestar integral de los estudiantes, y por el aula como lugar de construcción comunitaria, es también una oportunidad para reconectar con la decisión de ser docente y fortalecer la motivación por esta valiosa vocación.
Partiendo del concepto de salud de la Organización Mundial de la Salud, que entiende la salud como un bienestar físico, mental y social, y no solo como la ausencia de enfermedades, se reconoce una visión que considera todas las dimensiones de la vida que influyen en el bienestar personal y colectivo. Tradicionalmente se ha pensado que la salud es solo no estar enfermo físicamente, pero también influyen las condiciones sociales. Por ejemplo, un estudiante que sufre burlas constantes en la escuela puede sentirse triste, solo o con miedo y excluido, afectando su bienestar mental y social, aunque físicamente esté bien.
En este sentido, la escuela es un espacio donde las personas pasan gran parte de su vida, aprenden a pensar, hacer y convivir con otros, y también es un lugar clave para promover la salud y garantizar el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Garantizar el derecho a la educación es el primer paso para que la escuela sea un espacio de bienestar, incluyendo a todos los niños, niñas y adolescentes del Ecuador, sin ningún tipo de discriminación. La escuela también garantiza el bienestar de sus estudiantes cuando se concibe como un espacio abierto, acogedor y protector, donde incluso los contenidos académicos se trabajan como una oportunidad para aprender a convivir con los demás. Se trata de una escuela que escucha sin juzgar, fomenta relaciones afectivas y promueve el respeto a las diferencias, permitiendo que los estudiantes participen activamente en su propio desarrollo y autonomía. Además, a través de la convivencia diaria en el aula, los docentes pueden conocer la realidad social y familiar de sus estudiantes, identificar sus fortalezas y también posibles riesgos o situaciones de vulnerabilidad, para actuar de manera oportuna y adecuada.
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