Buscar en este blog

sábado, 28 de febrero de 2026

Habilidades para la vida

Las habilidades para la vida son una noción acuñada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que hace referencia a un conglomerado de destrezas y competencias psicosociales para que las personas puedan enfrentarse exitosamente a las exigencias y desafíos que se presentan cotidianamente en la vida (Unicef, 2017). Esencialmente, las habilidades para la vida tienen que ver con el fortalecimiento de las relaciones, con nosotros mismos, con las demás personas y con el mundo que nos rodea, como alternativa para promocionar el bienestar integral individual y colectivo, y cuyos principales objetivos son contribuir a la promoción del desarrollo personal y social, la protección de los derechos humanos y la prevención de problemas psicosociales y de salud (Mantilla, 2002).

Existen distintas maneras en las que se han nominado estas habilidades, según los marcos disciplinares y teórico-prácticos desde los cuales se enuncian, como la psicología, la salud pública o la economía. Entre los términos más frecuentes se tienen: habilidades socioemocionales, habilidades del siglo XXI, habilidades prosociales, habilidades blandas, habilidades transferibles, entre otras; así que si escuchas algunas de estas referencias, ten en cuenta que comúnmente se usan de forma intercambiable (BID, 2020; Unicef, 2020). Todas estas diversas formas de nombrar tienen como punto en común plantear a este conglomerado de habilidades como destrezas que pueden ser adquiridas a lo largo de la vida, en distintas modalidades (educación formal e informal) y diversos contextos sociales, por lo que precisan de un proceso de enseñanza- aprendizaje intencionado y de modelado para su desarrollo.

En consecuencia, en el ámbito educativo las habilidades para la vida han cobrado gran relevancia como una propuesta indispensable para la formación integral de los/las estudiantes, que permite que junto con las destrezas cognitivas necesarias para leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, la instituciones educativas también incluyan dentro de sus objetivos formar mujeres y hombres críticos, solidarios, autónomos, respetuosos, tolerantes, conscientes de la realidad que los rodea y comprometidos con su transformación (Mantilla, 2002).

El Sistema Nacional de Educación ecuatoriano también se ha sumado a los países de la región que incorporan las habilidades para la vida como parte de su objetivo por contribuir al desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes del país. En la Guía de Desarrollo Humano Integral del Ministerio de Educación del Ecuador (2018) las habilidades para la vida están clasificadas en emocionales, sociales y cognitivas, habilidades que se refuerzan y conectan mutuamente, no funcionan de manera aislada; de allí la importancia de interiorizar la noción de integralidad del desarrollo y del bienestar de las y los estudiantes, pues los procesos educativos deberán contemplar estas distintas dimensiones del ser humano: su universo emocional, su contexto social y sus procesos cognitivos.

¿Por qué es importante trabajar las habilidades para la vida?
Las habilidades para la vida, como su nombre lo indica, se circunscriben a la vida misma, a la trayectoria vital de los individuos y colectividades. Por lo tanto, su enseñanza y aprendizaje trasciende la escuela y cobran importancia tanto en ella como en los diferentes contextos sociales con sus desafíos inherentes. Es decir, son destrezas que se pueden transferir a distintos ámbitos sociales, como el mundo del trabajo (Unicef, 2020).

En este sentido, trabajar en el aula las habilidades para la vida, además de contribuir a la sana convivencia y fortalecer los procesos de enseñanza- aprendizaje, son destrezas que impactan positivamente en los proyectos de vida y aspiraciones vocacionales de los niños, niñas y adolescentes, incrementando las posibilidades para el éxito en el mundo del trabajo. Cuando se habla de proyectos de vida, se hace referencia a aquellos planes o proyecciones que una persona construye en torno a lo que quiere hacer con su vida en el presente y con miras al futuro, con el fin de alcanzar sus metas personales, profesionales y sociales, a corto, mediano y largo plazo. La construcción de proyectos de vida está supeditada al reconocimiento de las propias competencias e intereses de las y los estudiantes razón por la cual se reconoce la existencia de varios proyectos de vida, considerando que los mismos van rediseñándose conforme el desarrollo y cambio de expectativas de vida (Ministerio de Educación del Ecuador, 2018).

Unicef (2020) plantea como recomendación para una óptima apropiación de las habilidades para la vida en los sistemas educativos, el ejercicio de identificar las habilidades clave que se precisan con mayor urgencia según el contexto y las necesidades de las instituciones educativas y vincularlas con los cuatro pilares de la educación de la Unesco. En el informe La educación encierra un tesoro la Unesco (1994) propone cuatro pilares que fundamentan la educación a lo largo de la vida: 
1. Aprender a conocer; 
2. Aprender a hacer; 
3. Aprender a vivir juntos y 
4. Aprender a ser.

Estos cuatro pilares parten del reconocimiento de la educación como un todo, que van más allá de la culminación del ciclo escolar y la adquisición de conocimientos básicos como la lectoescritura y la matemática, y que se instauran como columnas vertebrales que sostienen los procesos de aprendizaje a lo largo de la vida. Siguiendo la recomendación de Unicef (2020), se propone una clasificación de las habilidades para la vida según los cuatro pilares planteados por las Unesco (1994).


No hay comentarios.:

Publicar un comentario